El expolio como nueva clase dominante

¿Qué une a una gran parte de las clases altas y medias-altas con el lumpenproletariado? La ociosidad, el rechazo al trabajo duro, manual y/o por cuenta ajena. Además del rechazo a los lazos con la cultura, tradiciones e identidad propias. Y su amor por el caos y el desorden en el que prosperan por encima y a costa de los demás. Sectores ociosos y desarraigados de la sociedad, por arriba y por abajo.

Las clases antaño cuna de las mas altas muestras de cultura y refinamiento moral y artístico, al no disponer ya de esa cultura y refinamiento como elemento de estatus propio y haberse vuelto corriente entre otras muchas capas de la población, terminan por hundirse en la ostentación. Ostentación y ociosidad que siempre les fue propia, pero ahora en grado extremo y ligándolo a un vaciamiento moral que les une, irremediablemente, al lumpen, tanto por similitud de ese carácter ocioso como por haberse generado una interdependencia íntima entre ambas clases de desarraigados. Ambos se necesitan para suministrarse y garantizarse recursos previa expoliación de recursos de sectores productivos de clase media y trabajadora.

Éstas clases superiores desarrollan una ociosidad viciosa que a la vez les separa de las capas medias y trabajadoras, pero les une al lumpen. Y a su vez, desarrollan un discurso falsario e hipócrita a favor de las clases populares y de la política social que les ayuda a expoliar los recursos de esas clases trabajadoras y medias a favor del lumpen que les ofrece y ayuda a mantener sus vicios y posición jerárquica. Eso también gracias a que el lumpen mantiene a las clases trabajadoras y medias en un estado de inseguridad y miedo que ayuda a la clase dirigente a mantener su posición y a expoliar aún más recursos. Recursos que acaban siempre en manos del lumpen y manteniendo el estatus de superioridad de esas clases decadentes. Un círculo tan vicioso como viciado.

En ese momento, se sea un obrero asalariado, un pequeño empresario, dueño de una pequeña explotación o incluso industria local, amén de la parte más baja y menos autónoma del funcionariado, ya no hay las antiguas diferencias. Y así se debe entender. Ya no vivimos en aquellos tiempos de «al patrón, con perdigón». El pequeño ganadero o dueño de una industria ya no tienen ese añejo antagonismo con el operario asalariado. Ahora es más lo que les une que los que les separa. Ahora es difícil contemplar que una pequeña industria o explotación agrícola sea aliada natural de las clases superiores. Ya no hay pequeñoburgueses ni petimetres dispuestos a aliarse con las clases dirigentes contra la subversión obrera. Ahora esos antiguos adversarios son víctimas del mismo agresor. Sea el operario que vive en un barrio humilde de extrarradio o un pequeño agricultor alejado de la ciudad, ambos son dianas del expolio y viven bajo la amenaza constante de esas clases ociosas que controlan el estado y los bajos fondos.

En la actualidad, el enemigo del operario industrial no es el granjero por ser una especie de «reducto pequeñoburgués». Tanto el operario como ese granjero se ven en la misma diana. Ambos sufren la obsesión de unas clases enajenadas pero con poder que no hacen más que aumentarles la carga impositiva, aumentarles los gastos, limitarles la producción, la forma de trabajar y, al final, facilitar la entrada a competidores extranjeros. ¿Para qué naranja española si hay africana? ¿Para qué un coche español si los hay chinos? ¿Para qué un redactor si lo puede hacer un IA? ¿Para qué un administrativo en oficina si lo puede hacer un desconocido online? ¿Para qué hablar con un telefonista si puedes contactar con una centralita y tras 10 minutos te ponga con una simpática señora que vive a 8000 km y no sabe ni dónde está Huesca? Todos lemas de personas, curiosamente, que suelen pertenecer a clases que extraen sus recursos de expoliar a los que ponen en cuestión. Porque no hay parásito que no sea, también, desagradecido.

Y le llamo expolio en un sentido muy amplio y que es lo que termina por definir a ese conjunto de clases medias altas, altas y lumpen respecto a los sectores productivos. Porque diferencio dos castas. La casta productora y la casta expoliadora. Dentro de cada casta, los recursos de cada sujeto, grupo profesional o familia podrán ser diferentes, pero les une su forma de obtener los recursos para su vida. Es bastante indiferente que una persona produzca alimentos, ensamble piezas, administre bases de datos sanitarios, transporte mercancías o enseñe a niños. Sea con productos o servicios, quien obtiene sus recursos económicos de la aportación de ésos a favor del sostenimiento y mejora de su sociedad es casta productora.

Y alguno me dirá que en ello va un parámetro moral. Y es cierto. Como en todo. Ser sicario o asesino a sueldo no entra en una categoría profesional reconocida y es ilegal porque moralmente el asesinato es reprobable. Y ofrecerse a matar a cambio de dinero no suele ayudar al sostenimiento social. Como ninguna espiral de violencia ayuda a ello. No soy yo el novedoso en la cuestión. Sencillamente hay a quién no le gusta concebirse o entender que su entorno es casta expoliadora. Pero lo es. Todo aquel que depende de obtener recursos de terceros sin aportar nada que sostenga a la sociedad, pero que empeore la situación de la casta productora, es casta expoliadora. Ahí entra la banda que extorsiona a negocios, el ayuntamiento que hace la vista gorda ante actividades ilegales de «amigos», los favores y redes clientelares dentro del sector público y los mismos comportamiento entre el sector público que hace favores al privado, corrupción, grandes narcotraficantes, el camello del barrio, el hijo del empresario que se salva de cargos penales por influencias, el que atraca a ancianos y un largo etcétera. Entra criminalidad, si, pero también corrupción no penable e inmoralidad manifiesta que sirva para vivir a cosa de la casta productora.

Imagino que alguien me querría decir que hay casos de sujetos de casta productora, sea el ejemplo de un trabajador poco cualificado, que necesita de actividades ilícitas para completar sus ingresos y que no es tan fácil definir casta productora y expoliadora. Y responderé a ese mismo ejemplo. Un sujeto que produce y necesita entrar en esas actividades para sobrevivir, se corresponde al caso de un sujeto que está siendo empujado a ser lumpen o casta expoliadora de bajo tipo porque el expolio siempre llega a un momento que convierte a la casta productora más desprotegida en lumpen. Por eso es tan preocupante, porque la casta expoliadora siempre destruye progresivamente a los productores y los lleva a un escalón más bajo. Escalón donde también son más manipulables.

Por ello se debe entender que en éstos tiempos, si no queremos que la casta expoliadora nos arrastre a la casta productora a una espiral de destrucción y depauperación que nos lleve a lo más bajo de la otra casta, debemos combatirles en todos los frentes. Y eso requiere que todos nos reconozcamos como lo mismo y no sigamos asumiendo categorías obsoletas que contribuyen a nuestra destrucción.

Da igual que seamos ganaderos, agricultores, operarios, autónomos, maestros o administrativos. Todos los que ofrecen su mejor esfuerzo en mantener los mimbres de la sociedad, su autosuficiencia y bienestar son los que deben unirse contra todos aquellos que nos acechan en callejones y despachos. Porque da igual que unos nos roben la cartera, que destruyan la salud de la juventud con drogas, que otros arruinen el campo con sus políticas para favorecer a magnates o castiguen a ancianos e indulten a asesinos, son la misma casta. Sólo que unos llevan navaja y otros bolígrafo. Y no siempre las puñaladas son las que hacen más daño.

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