Sobre la inserción laboral de los jóvenes

A tenor de mi experiencia vital, siendo un ejemplo perfecto de la llamada «generación perdida» que ha pasado de todo el caos de la crisis del 2008 a la crisis actual sin tiempo para asentarnos, tengo una serie de pensamientos. Pensamientos, a veces muy específicos y otros más generales, que quiero dar a conocer porque a pesar de ser sobre la inserción laboral de los jóvenes, tocan otros aspectos como el sistema de pensiones y nuestro modelo de Estado.

Así que voy a ello, sin un orden concreto y sencillamente mostrando ciertas ideas y experiencias que quizás puedan dar una perspectiva distinta a los problemas que nos afectan.

  • Es normal que, especialmente la generación del Baby Boom, después de décadas trabajando y contribuyendo al mantenimiento del Estado del Bienestar y de las pensiones de sus padres, quieran la contrapartida y que no se les reduzcan las pensiones e incluso se les obligue a trabajar más años.
  • Del mismo modo que lo primero es normal y ampliamente compartido, a los jóvenes no se les debería tampoco racanear y cercenar derechos y condiciones laborales que otros han disfrutado. Esto se escucha mucho menos, por no decir nada. Es cierto que hemos tenido otras ventajas, por ejemplo el que muchos de nosotros hayamos podido tener estudios superiores. Estudios superiores que en la mayoría de casos no han servido de nada y, además, han servido a otras generaciones para hacer mofa. ¿Cuántas veces se ha utilizado con sorna lo de la «mira,la generación más preparada»? Queriendo decir que tenemos muchos aires pero que no valemos nada. Es gracioso porque por norma general si que valemos y ese menosprecio suele esconder hechos como que hablamos más idiomas y tenemos muchísimas más competencias que la generación que hace tales mofas.
  • Lo que mi generación y las que vienen detrás no tienen es la tasa de desempleo ni las condiciones laborales de las que nuestra preparación(preparación impartida e incentivada por generaciones precedentes) nos hacen merecedores. Y si, digo merecedores. Porque una persona que ha estudiado y se ha estado preparando durante años no merece menos. Y si, estudiar no es trabajar. Y lo que se pide es experiencia. Curiosamente se pide aquello que no se puede dar y que, curiosamente, depende de la «generosidad» de otros. Esto ha creado un círculo vicioso del que nunca se logra salir del todo.
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  • Otras generaciones, sin preparación ni ninguna cualidad especial que les distinga de otras, fueron insertadas profesionalmente por muchos motivos, pero principalmente porque se entendía que siempre es necesario trabajar y producir más. Y dos manos más siempre son mejores que dos manos menos. Eso es productividad. Productividad y solidaridad intergeneracional.
  • La productividad actual se entiende prácticamente como una forma exprimir a cada trabajador para obtener el mayor beneficio al menor coste. Algunos dirán que esto es lo ideal e incluso lo normal. Pero si fuese por eso deberíamos tolerar todo tipo de explotaciones. Y no es ser vago, es tener ética y respeto por uno mismo y por los demás. Trabajar asfixiado y con serias carencias de medios es algo que nos ha removido el alma cuando en plena pandemia veíamos al personal sanitario completamente saturado y sin protección. No veo por qué ignoramos esos niveles de presión en otros sectores.
  • Relacionado con el punto anterior, no es necesario ser un genio para entender que una persona, fuera de consideraciones de edad, con unas condiciones laborales paupérrimas que apenas le facilitan el poder vivir y mantener un mínimo de calidad de vida, a medio y largo plazo estará completamente quemado y su productividad quedará dañada permanentemente. No es sencillamente ansiedad. Si llevas a cualquier persona al límite durante un tiempo largo, abusando de que quiere dar lo mejor de sí mismo por temor al despido, esa persona quizás sufra problemas de ansiedad, pero básicamente terminará por endurecerse en el peor sentido. Ese trabajador terminará por aplicar la picaresca y a rehuir cualquier esfuerzo mínimo. Y eso lo hemos podido ver todos.
  • Con la idea anterior no sugiero tener a todo nuevo trabajador como a un marajá. Ni al nuevo ni al antiguo. Pero hay una dualidad extrema entre quienes han acumulado quinquenios, mejorado convenios, ascendido y se vuelven prácticamente intocables y los que intentan comenzar a trabajar.
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  • Esa diferencia siempre ha existido, pero nunca de una forma tan radical. Es más, con el nivel de desempleo en la juventud, esa brecha aumenta por la competencia entre todos quiénes quieren entrar en el mundo laboral por un puñado de puestos. Y se aplica la ley de la oferta y la demanda. Pocos puestos de trabajo y muchos candidatos, las condiciones se vuelven imposibles. Sueldos bajos, 4 idiomas, años de experiencia biológicamente imposibles, posibilidades de firmar algún tipo de convenio para que a la empresa le salga casi a coste el tener un trabajador cualificado, etc.
  • No voy a negar que para cualquier empresa es un coste muy elevado contratar a una persona sin experiencia para comenzar a trabajar y siempre es más «productivo» contratar al que teóricamente te hace ganar desde el primer minuto. Pero eso siempre ha sido así y la inserción laboral nunca ha sido tan absurdamente difícil. Y entonces puede aparecer otra idea.
  • Teniendo una mayoría de pequeñas empresas en España, es normal que se cuiden tanto de contratar y poner tantas condiciones. Si un trabajador les sale rana, la empresa puede verse comprometida. Pero eso, ¿por qué? Si, por los costes. Y los costes no son únicamente el salario, sino todo lo anexo. Y la carga fiscal para una pequeña empresa es enorme y cada vez lo es más. Con sus cuentas tan condicionadas vía impositiva, es imposible que un empresario confíe en la buena voluntad de un joven sin experiencia. ¿Solución? Es obvia, pero impopular porque cualquier reducción fiscal efectiva(no para maquillar) es contrarrestada por un clamor que llama por mantener todos los impuestos o incluso subirlos «para mantener el sistema del Bienestar».
  • No soy liberal ni quiero destruir el «Estado del Bienestar», pero cuando tenemos un 40% de desempleo juvenil que no es protegido por el Estado si no por los padres de esos jóvenes, ¿de qué «Estado del Bienestar» se está hablando? O mejor, ¿para quién? Para los jóvenes desde luego no.
  • Seamos realistas, los impuestos en los últimos 40 años no han dejado de incrementarse, el desempleo estructural ha aumentado, la deuda pública también y las pensiones están en cuestión . ¿Eso es un avance? Lo siento, pero no. Y si, habrán sectores muy frágiles de la población que hayan salido beneficiados, afortunadamente. Pero todos sabemos que el Estado no es precisamente generoso ni con los más desfavorecidos. Se podrá recaudar más y más, pero la percepción general de protección social es cada vez menor.
  • Un Estado del Bienestar real es aquel que, en caso de necesidad, te cubre. Y eso no es así. No tenemos la certeza de poder trabajar, pero tampoco la certeza de que la administración nos protegerá. Y tampoco creo que nadie quiera que la administración se haga cargo de sus problemas. Bienestar es salir adelante y vivir del propio trabajo mientras se contribuye a proteger a los más desfavorecidos. Y eso lleva tiempo en entredicho. Porque quienes queremos vivir de nuestro trabajo no podemos, pero tampoco se nos protege. Y el problema es que, curiosamente, somos los que deberíamos estar contribuyendo a que otros que ya han puesto todo su trabajo y esfuerzo, descansen. Eso es responsabilidad y solidaridad intergeneracional. Algo roto.
  • Digo roto porque se ha renunciado explícitamente a arreglar la situación. No hay ninguna política general enfocada a la inserción laboral de los jóvenes para que tomen el testigo. Hay programas concretos que pueden maquillar la situación, pero el cuadro general sigue siendo el mismo.
  • Algunos dirán que los jóvenes «viven muy bien en casa de los papis». Y es cierto. Mejor que en la calle. Porque en la mayoría de casos la alternativa es esa. Y esto lo aclaro porque se escucha mucho y es ofensivo, además de gratuito. Porque si fuese por culpar a otros, muchos podríamos decir que durante 40 años los sindicatos se han dedicado a proteger a los mayores a costa de empeorar convenio tras convenio, negociación tras negociación, las condiciones de los que veníamos detrás. Y en este caso, no digo ninguna mentira.
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¿Y con todo esto a dónde quiero llegar? Pues a hacer entender que en esta macro-situación se encuentra el problema, no solamente de los jóvenes, sino de las pensiones también. Pondré un ejemplo directo:

Si yo no puedo trabajar y, cuando trabajo, es en condiciones que mi cotización es mínima, no puedo ayudar a mantener el sistema de pensiones. A eso podríamos añadir que con un salario bajo, mi capacidad de consumo es reducida y eso también es un problema para la recaudación vía IVA. Por no hablar de que sin un sueldo mínimo no me puedo emancipar ni formar una familia para que la pirámide de población se mantenga mínimamente y no se vuelva aún más insostenible. Todo eso es un perjuicio para mi, si. Pero también para mis padres, que se ven obligados a mantenerme mientras también son ellos los principales contribuyentes y se hace patente que yo no puedo sostener sus pensiones porque mis condiciones no dan ni para mi mismo. ¿Y qué provoca eso? Pues sencillamente que mis padres son la población más «atractiva» para el Estado para seguir contribuyendo. No necesitan inserción laboral, tienen sueldos más elevados, cotizan más y consumen más mientras se hacen cargo de mi y no lo hace el Estado.

No niego que hay una gran masa de población que entra progresivamente en el sistema de pensiones y la pirámide de población da poco margen de maniobra, además de que la esperanza de vida es cada vez mayor. Todo eso es cierto y es parte del problema de la sostenibilidad de las pensiones. Pero la cuestión es que lo que se está haciendo es poner un parche temporal que sale rentable al Estado en el medio plazo. Forzamos un poco más a quienes no necesitan ayuda y son contribuyentes netos mientras ignoramos el problema de fondo. Y eso lo que acabará provocando es alargar la agonía del sistema de pensiones. Y que «solucione» el problema otro.

Y voy a ser claro para concluir: Si los jóvenes no tenemos las condiciones de nuestros padres, nuestros padres no podrán tener las condiciones de nuestros abuelos.

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